20 febrero 2023

RADIOAFICIONADO Y FOTO PERIODISTA DE SUCESOS

Este es mi amigo; Luis Calabor, radioaficionado y foto periodista de sucesos que lleva desde los 80 fotografiando lo más crudo de Bizkaia para El Correo...un mar de historias, con el corazón a flor de piel y una vocación indiscutible...Hoy ha narrado en su cuenta de Facebook el aniversario de una cruda historia en la que el azar, la radio y la mala suerte juegan una misma partida...

"Hoy hace 37 años de uno de los días más complicados de mi vida.
Hay momentos que a uno se le quedan grabados para siempre. La verdad es que el 19 de febrero de 1985 tuvo muchos momentos de esos, demasiados, pero me acuerdo con especial claridad de uno. Yo estaba en la redacción de EL CORREO en Bilbao, porque me gustaba pasarme por la mañana a leer los periódicos. En aquellos tiempos, la jornada de los redactores empezaba más tarde que ahora, así que allí solo había otra persona: Ángel Arnedo, que años después dirigiría el periódico. Entonces era subdirector y siempre llegaba el primero. De pronto, por el escáner de radio se escuchó al helicóptero Condor llamando a H-50, de la Policía Nacional: «Se acaba de estrellar un avión de pasajeros en el monte Oiz». Oyes una noticia como esa y es como si el tiempo se parase. «¡Arnedo, que se ha estrellado un avión de pasajeros en el Oiz!», le dije. «¿Qué hacemos?», me preguntó. «Yo me voy echando hostias para allí».

Llegué a Durango y había dos ambulancias preparadas que subieron detrás de mí, hasta donde pudimos llegar con los coches, porque había una niebla muy densa y no se veía nada. Empezaron a acercarse recursos y yo acabé incrustado con los bomberos. Arriba, la niebla no dejaba distinguir nada, solo la torre de ETB, rota y caída, y algún trozo del fuselaje. Ni siquiera se sabía dónde había acabado el avión: el doctor Usparitza y sus chicos de la DYA terminaron dirigiéndose hacia el lado que no era. Yo continué al final dentro de un vehículo militar y, a medida que la bruma se fue abriendo, todo fue apareciendo ante nuestros ojos: me encontré un tren de aterrizaje a media ladera, y por todas partes había cuerpos, maletas, documentación... Olía mucho a queroseno y eso tampoco se me ha borrado nunca: cuando he volado en helicóptero o, a veces, en los aeropuertos, vuelvo a olerlo y me traslada automáticamente a aquella jornada.

Entonces no había móviles, pero yo tenía una emisora y llamaba a un amigo radioaficionado de Barakaldo, que después iba contando,por teléfono, las novedades al periódico. Lo cierto es que aquello era indescriptible, resultaba imposible transmitir con palabras una tragedia de aquel calibre. Murieron los 148 ocupantes y no había un cuerpo en buen estado. Pero el ser humano es como es y también hubo gente que se llevó de allí recuerdos, cosas de valor, trofeos... Yo me quedé todo el día, hasta las seis de la tarde: ¡menuda pechada para volver hasta donde estaba el coche! Fue una jornada de locura, una de las cosas más bestias que he vivido. Cuando por fin, cuando llegué a casa, por la noche, mi mujer me obligó a quitarme los zapatos antes de entrar. Directamente los tiró a la basura.

Yo ya había estado en un accidente aéreo: en diciembre de 1983, chocaron en la pista de Barajas un avión de Iberia y otro de Aviaco y fallecieron 93 personas. Me fui para Madrid y acabé en la pista, entre los restos aún humeantes de los aviones, algo que hoy sería inimaginable."



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