lunes, 7 de abril de 2014

LA RADIOAFICIÓN ESTÁ VIVA!!!

Hablar hoy de la radioafición suena difícil de digerir y de entender, sobre todo para los nativos digitales. Todas las personas que han nacido con posterioridad a las décadas de 1980 y 1990 manejan a la perfección el internet y la tecnología digital porque han nacido con estos avances en casa.
La gente que no ha llegado a los 33 años de edad ha perdido la oportunidad de ser los primeros en comunicarse por todo el mundo a través de las ondas radiofónicas.
Javier Bermejo es uno de los, cerca de 60, radioaficionados que se agrupan en la Unión de Radioaficionados de Salamanca, URSA. Entró en este mundo hace 36 años por casualidad. Conoció esta afición y se preparó para la prueba con la que conseguiría la licencia que otorga la delegación nacional de Telecomunicaciones. Desde entonces su identificativo radiofónico es el EA1AUS.
Hoy puede obtenerse esta licencia por medío de un único examen que se convoca dos veces al año. Cuando él se examinó había que pasar tres pruebas de conocimientos telegráficos, técnica, legislación y manejo de equipos.
La radioafición va desapareciendo con las generaciones de personas que hacían uso de ella como forma de comunicación previa al teléfono móvil y el internet. Aun así hay «románticos» que se presentan a la prueba para obtener la licencia que les permita disfrutar del placer de contactar a través de las ondas.
Equipos más accesibles
Javier Bermejo explica que hoy los equipos son mucho más accesibles, gracias a la tecnología asiática, pero que son de peor calidad. Cualquier persona puede adquirir un aparato para captar las ondas hertzianas desde los 35 euros. Un equipo en condiciones puede ser adquirido desde los 4.000 euros, también hay quien compra las piezas sueltas y lo construye desde los 700 euros, eso sí, pueden tardar un año en tener todo listo. «Esta es una afición cara, pero es más bonita y segura que una moto», argumenta Javier Bermejo.
Una parte de las más importantes en los equipos receptores de ondas es la antena, a través de la cual se lanzan las ondas que chocan con la luna o con la ionosfera y rebotan o bien en la tierra o en el mar, una y otra vez mediante saltos, para llegar a todos los países del mundo. Bermejo ha conseguido llegar con sus equipos a todos los países del mundo con radioaficionados, los 340 que hay contados.
Sus conocimientos telegráficos le permiten comunicarse por morse, también lo hace por voz y por teletipo. Recuerda que en sus inicios se hacia eco de las noticias de todo el mundo antes que nadie gracias a que captaba los teletipos que emitían las agencias de prensa para el conocimiento de los medios de comunicación.
Esta afición ha ofrecido muchas alegrías y grandes logros a sus seguidores. Para entender este aspecto hay que pensar que «los radioaficionados son experimentadores al 80%», explica Javier Bermejo. Este radioaficionado tiene un cuarto de su casa lleno de aparatos receptores de ondas electromagnéticas, en los que destaca el que ahora usa conectado a la antena y al ordenador.
Ondas de diferente longitud
Los radioaficionados trabajan con ondas de diferente frecuencia a las de la radio que escuchamos habitualmente. Como ejemplo, Javier Bermejo, pone la Onda Media, donde las ondas son muy grandes. La diferencia entre las ondas de cualquier cadena de radio al uso en Onda Media es de 160 metros de longitud. Los radioaficionados hacen uso de ondas que no superan los 80 metros de longitud. Este concepto se mueve dentro los aspectos técnicos que usan habitualmente estos especialistas y gracias a los cuales son capaces de llegar a unos países u otros.
En estas posibilidades de alcanzar unas zonas del planeta u otras tienen mucho que ver los ciclos solares o las partes del hemisferio. De ahí que muchos de los radioaficionados famosos se cuenten entre los astronautas. Uno de los más conocidos es Pedro Duque. El Rey también lo es, pero en la actualidad no está en activo.
Esta afición ha jugado un papel vital en numerosas catástrofes donde ha sido el único medio de comunicación que no se ha colapsado.

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